29 dic. 2011

Izquierda Suicida

En la historia contemporánea, la izquierda en el mundo ha trabajado movida siempre por las mejores causas éticas, políticas y sociales
En el caso de México podríamos pensar que los pioneros y los protagonistas de nuestras diversas revoluciones han conformado esa ancha avenida que podría considerarse como una corriente histórica de izquierda.

Hablo de un caudal, de un conjunto de numerosas corrientes. No me refiero, en exclusiva, a una sola expresión política.
Todas coinciden en ciertos puntos y se separan en otros. Eso resulta de sus composiciones sociales diversas, pero podría sostenerse que las mueve una sincera convicción definida por el común rechazo hacia la injusticia social, la concentración de la renta, la corrupción, la injerencia del clero en la vida política del país…

Y están a favor del perfeccionamiento y de la profundización del proceso democrático y de un régimen fiscal equitativo, redistribuidor del ingreso. Quieren una educación democrática, liberadora. Un reparto menos desigual de la riqueza. Luchan, también, al lado de las minorías oprimidas y de los excluidos y discriminados. La izquierda, ante todo, es una bandera moral.

Muchos temas unen a las izquierdas y otros las separan, pero nadie tiene el monopolio ni de las ideas ni del liderazgo de las heterogéneas izquierdas mexicanas. Con diferencias de matiz y, en no pocas ocasiones, ellas han heredado el también abundante equipaje de los motivos sociales que mueven y transforman al país.
En el México de hoy –una democracia deficiente, incompleta, frágil, pero, después de todo, una democracia—, el PAN ocupa un lugar minoritario en el arco político nacional.

Sumadas, las fuerzas sociales y electorales de todas las corrientes de izquierda y de centro izquierda socialdemócrata son mucho más numerosas e influyentes que las integradas a la derecha.

Hoy me refiero a una parte de las izquierdas, a esos grupos cada día más alejados del triunfo electoral. Hablo de unas formaciones desacreditadas que no constituyen, ni por asomo, un conjunto de izquierdas fidedignas animadas, en verdad, por el anhelo democrático y el ímpetu justiciero. Aludo a ese revoltijo de pandillas movidas sólo por su insaciable codicia pecuniaria.

Hay excepciones entre ellas, individualidades respetables, claro que las hay y por supuesto, pero son muy pocas y casi no cuentan en el caos de esa licuadora desbordada de ambiciones cínicas y procaces. Tal es el problema mayúsculo de esa porción de las izquierdas. Su conducta, su lenguaje --si así pudiera llamársele--, sus algaradas, no se corresponden con la seriedad exigible a un verdadero partido de izquierda.

Los impresentables comportamientos de esa izquierda simulada –pugnaz, divisionista, corrupta--, conceden a la debilitada derecha, al PAN, una inmerecida respiración artificial. Se trata de una seudoizquierda enseñoreada hoy del PRD. Es cualquier cosa menos una izquierda.

Esa falsificada izquierda es alérgica a la unidad y a la disciplina, ingredientes esenciales del buen hacer político y de la victoria electoral.

¿Quién la financia? ¿De dónde saca dinero para pagar sus costosísimas marchas y plantones, bloqueos viales y carreteros así como sus continuas rondas por todo el país? No se necesita investigarlo. Es obvio que esas actividades reconocen, cuando menos, dos fuentes: es la primera, sin duda, la de las arcas públicas, la de los recursos sacados de modo irregular del erario capitalino y destinado en cantidades millonarias a esas llamadas movilizaciones.

Otra de sus fuentes es la desvergonzada corrupción reinante en las delegaciones encabezadas por ciertos personajes nacidos en el albañal y afiliados a esa izquierda postiza, esquilmadora de vecinos y comerciantes, empresarios y ciudadanos.

Decirse de izquierda no significa que se pertenezca a ella. Los integrantes de esos grupúsculos así se declaran, pero sus palabras y sus obras carecen de relación alguna con las ideas, la filosofía y la praxis de quienes en verdad lo son. Nadie les pediría hoy, por supuesto, fidelidad extrema a los principios cardinales del leninismo ni a los rigores filosóficos de la moral marxista, pero es evidente que ésta autodenominada izquierda no tiene la menor idea acerca de la naturaleza propia de una genuina izquierda en esta hora de México.

Esas izquierdas apócrifas se encuentran ahora en sus horas más bajas y difíciles. La verdadera izquierda mexicana, imprescindible como es para nuestro proceso democrático, está urgida de una profunda renovación.
Le falta dimensión ideológica y sustento ético. Si no tiene proyecto, mucho menos programa. Tampoco dispone de estrategia. No ha podido o no ha sabido convocar a las mayorías con el propósito de conseguir objetivos sociales de mediano y largo alcance. No tiene referentes éticos y, como diría Jurgen Habermas, “carece de energías utópicas”.

La verdadera izquierda debe resurgir. El país la necesita. El proceso democrático lo exige. Sin embargo, no va a resucitar en el corto plazo. La izquierda de utilería no puede ser embrión de una nueva izquierda mexicana.

Dirimir la candidatura presidencial de la supuesta izquierda según el resultado de una encuesta o de un conjunto de ellas --provisionales y circunstanciales como son, manipuladas como pueden ser--, constituye una apuesta temeraria, un salto mortal en el vacío, un volado sobre la barra de una cantina, con todas las previsibles consecuencias políticas que tiene decidir algo tan trascendente, para el país y para la propia izquierda, bajo la incierta atmósfera, aleatoria e imprecisa, presumiblemente mentirosa, de unas mediciones demoscópicas provisionales por su definición y su naturaleza. A ver si no nos salen con el increíble cuento de un supuesto empate técnico.

En la tarea política las encuestas ayudan, hacen luz, contribuyen a tomar decisiones. Son algo importante y atendible. Pero otra cosa muy distinta es arraigarse a tomar decisiones de tan hondo calado sólo con base en los resultados de los sondeos de opinión.

Durante el complejo proceso configurador de la decisión política fluye y confluye una cantidad grande de factores. Entre ellos pueden y deben considerarse los resultados de las encuestas, pero constituye error superlativo confiarse, sólo, a los números arrojados por ellas.

Existe en México una mayoría sociológica integrada por ciudadanos proclives a la izquierda y al centro izquierda. No están adheridos a ningún partido. Por algo será. Esos millones de ciudadanos decidirán las próximas elecciones. Y serán implacables con los gesticuladores de pega y de paga, con los sedicentes progresistas de pantomima que, en nombre de no sé qué idea de la izquierda, han desfigurado y desfiguran a la izquierda efectiva. Lo pagarán muy caro el año próximo en las memoriosas y reivindicadoras urnas de julio.

Entre una izquierda suicida y una derecha menguante, el PRI está obligado a aprovechar tan irrepetible oportunidad y disponerse a rescatar el poder de la República con trabajo político, a un mismo tiempo responsable y audaz
Y actuar de manera disciplinada, unitaria y mediante un programa democrático y realista, concebido para acelerar el cambio social en México al amparo de la legalidad y dentro de los cada vez más difíciles y competidos ámbitos de la mundialización de la economía, del comercio, de las finanzas. El PRI tiene experiencia. Sabe hacerlo. Puede y debe hacerlo.


Lic. Rodolfo Echeverría Ruiz




El instituto político constructor de nuestro país, no es, ni será nunca un partido pepenador de inconformidades, como aquellos que provienen de grupos ultraderechistas conservadores o de la caótica historia de la izquierda mexicana.

El primero es un partido históricamente muerto, fue fusilado en el cerro de las campanas y el segundo tiene su estructura reflejada en docenas de partidos de facciones supuestamente marxistas con una historia plagada de riñas dogmáticas por minucias ideológicas, elitismo intelectual, incluso corrupción y traición.


“El nacionalismo revolucionario es el camino propio de México. No se inspira en teorías, ni en experiencias ajenas. Es la idea motriz, que con base en un pasado común, alienta en los mexicanos la solidaridad en el presente, y la indeclinable resolución de mantener en el futuro una nación libre y soberana”



(Principios fundamentales del PRI)




“Estrategia Política Nacional”
MEXICO PATRIA NUEVA A.C

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