24 abr. 2012

EL CENTRALISMO EN MEXICO

La gran Tenochtitlán, la ciudad de los palacios de hace casi dos siglos, hoy el centro urbano más grande del mundo, México, situado a 2275 metros sobre el nivel del mar, rodeado por montañas y volcanes, asentado en una zona sísmica, hundiéndose gradualmente, lejos de las fuentes de abastecimiento de agua potable, de energía eléctrica, literalmente con poco oxigeno y caótica es muchos aspectos es la sede de todos los poderes del país. 
En los últimos años, sus problemas sociales, económicos y políticos se han incrementado de manera alarmante y por consecuencia los Estados de la República se han empobrecido.

La provincia mexicana ha tenido que sacrificar sus beneficios para subsidiar a nuestra gran capital los servicios de agua potable, energía eléctrica, alimentación, transporte urbano, educación básica y otras cosas más que el gobierno capitalino y la población usufructúan con holgura.

El amplio poder del presidente proviene no solo de las facultades que le otorgan las leyes, sino de otras fuentes. Desde luego una de ellas de carácter geográfico.

La ubicación de la capital se halla más o menos en el centro del país, como ocurre con Paris que tiene una posición radial.
Esto quiere decir por ejemplo, que las mercancías europeas que desembarcan en Veracruz tienen que pasar
por la ciudad de México para que puedan distribuirse a los consumidores de casi todos los estados de la república.
Este simple hecho geográfico ha determinado con el tiempo una concentración demográfica, económica, cultural y política que ha convertido al Distrito Federal en el órgano vital de toda la nación.

El Distrito Federal, es pues, el órgano director del país; en él están los poderes federales, que son, a su vez, el foco de poder y de actividad de esa pequeña zona geográfica, y en la cúspide de todo esto se encuentra el Presidente de la República.

Esta situación, ya sea política o geográfica, imitando a Francia, ha elucubrado desde México, un Estado Nacional homogéneo, especie de área geométrica, donde todos los puntos son idénticos, intercambiables, iguales todos al punto central desde donde se ha dirigido la vida nacional.

A fuerza de pensar abstractamente en la nación, se ha creído, que esta es una capital centrifugada, enorme, que llega hasta los mares y se apoya en las cordilleras de las sierras madre occidental y oriental.
Nada comparable con la nación francesa, ella está hecha por la radiación de la capitalidad, cuyo general espíritu ha goteado interminable sobre los pueblos o aldeas hasta impregnarlos de su cultura.

La agricultura y la conciencia de estos pueblos quedaron así enriquecidas y transformadas por las ideas, la educación abstracta, por los fervores políticos, por la mente – cultura de Paris.
La cultura de nuestra capital, que a través de los años ha ido adquiriendo, le viene muy justa para sus necesidades de urbe, para sostener la estricta dignidad de una capital.

Hubo un tiempo maravilloso en que el Distrito Federal pudo irradiar a la provincia su espíritu cultural. Hoy existe un retroceso de esta irradiación en lo cultural y en lo político. Basta observar para darnos cuenta de ello, el naufragio de nuestra identidad, la ignorancia y la corrupción social que nos asfixia.

La política nacional se sigue haciendo desde México, la idea abstracta de nación se ha llenado con lo que los políticos tienen delante de sus ojos; esto es: la gran capital.

Han confundido la nación con su centro, y el centro es solo una parte del círculo, y han pensado nacionalmente desde un punto de vista central, pero el punto de vista central no se puede mantener sino se mira en derredor.

México tiene que ser ahora, una pupila que mira al resto del país. La política nacional ha de ser para las provincias y desde las provincias.

Ahora bien, las cuestiones nacionales son más importantes que las locales. Las cuestiones nacionales son en comparación con las locales, muy abstractas.
Se refieren a ideas y principios morales, históricos, jurídicos, económicos etc. Estas ideas o ideales, han sido opiniones teóricas de cómo se debe manejar un Estado.
En los debates del congreso han sido estos temas abstractos los que se han discutido siempre, cualquiera que fuese el motivo concreto de la controversia: presupuesto, reforma fiscal, ley de instrucción pública o programa carretero, etc.

Por eso afirmamos que no cabe pensar en un congreso federal sin prever un cierto tipo de diputado elegido y, en consecuencia cierto tipo de electores.

De esto debe depender la realización del proyecto nacional y constitucional que los diputados han debido imaginarse. Por eso, el legislador tiene que saberse bien su país, y tener el talento para combinar los elementos de carácter étnico e ideológico, porque el Estado debe ir adscrito a su idiosincrasia nacional.

Es importante pensar que acertará el político que mas sutilmente conozca al mexicano medio y mejor sepa cómo hay que obtener de él su propio progreso; no el que solo conozca bien ciertos vicios del mexicano y transitoriamente crea, astutamente, aprovecharlos.

Más interesante que la competencia entre los elegidos, es la competencia entre los electores. La de aquellos no necesita ser competencia técnica, no se necesita saberlo todo, simplemente estar enterados, estar en las cuestiones, haberlas vivido por su oficio y, ocupación habitual, o por lo menos ser capaces de ponerse en ellas. La competencia exigible en el elector, es naturalmente menor.
La condición mínima de un elector, para ser buen elector, es que las cuestiones sobre que van a debatir y decidir los candidatos existan para él.

El elector tiene que sentir las cuestiones públicas, representadas en las elecciones; es menester que los programas hayan rozado su alma, que le hayan interesado y preocupado, que haya adoptado ante ellos una actitud intima.
Es por ello imprescindible considerar en nuestro mosaico nacional la necesidad de adquirir una nueva conciencia política y social en todos los Estados Provinciales.

Que no se diga más que el hombre de campo, el hombre medio de México vive prisionero de lo concreto, sin entender ni sentir nada abstracto y con su alma flotando en impulsos tradicionales.
Eduquemos a estos importantes grupos sociales para que entiendan las cuestiones de Estado, los afanes históricos, las luchas integrales, los cambios de régimen y toda esa historia grande de nuestro país.
 En lo político el país deberá de comprometerse fraternalmente a trabajar con una Estructura Federalista, que sea muy nuestra, acorde a nuestras posibilidades y a nuestra historia.

Lic. Enrique Peña Nieto, la grandeza de México, oculta en ocasiones, espera ser descubierta, pero solo puede progresar dentro de su propio contexto. Porque si pierde su originalidad, su identidad nacional, pierde su camino.

“Yo vengo como todos los hombres, de muy lejos; pertenezco a la despeinada, descalza y hambrienta multitud mexicana, he peleado, desde que me acuerdo, por ser mañana distinto al de hoy; ser distinto cada día ha sido mi lucha, pero siempre con un horizonte y sin dejar de ser aquel que descalzo anduvo en su niñez”.
                                                                              
                                                                         Maestro Andrés Henestrosa  


Estrategia Política Nacional” 

 MEXICO PATRIA NUEVA A.C.

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