29 jun. 2012

Por un Gobierno Ejemplar



Es completamente anacrónico desear que un pueblo viva colectivamente sin un proyecto de empresa histórica.

Una política que no contiene un proyecto de grandes realizaciones históricas queda reducida a la cuestión formal de gobernar, de ejercer el poder público, no se trata de hacer obra con él, simplemente de complacerse en ejercerlo. Esto tiende a eliminar automáticamente a los hombres creativos, a los hombres de calidad superior.

Cuando esto sucede, la sociedad parece caer en una trayectoria peligrosa de decadencia, época en que la minoría directora de un pueblo, transitoriamente ha perdido sus cualidades de excelencia.
Contra esa minoría a veces ineficaz y corrompida se revela la masa, pero confundiendo las cosas, en vez de sustituirla por otra más virtuosa, para que propague sus virtudes, coloca a hombres ruines para que contaminen el aire con su ruindad.

Se llega a creer que es posible la existencia social sin minoría excelente, como esto es imposible, las masas de los distintos grupos sociales ensayan vanas panaceas de buen gobierno que en su simplicidad mental imaginan poseer.

Al fin, el fracaso de sí mismas experimentado al actuar, alumbra en sus cabezas como un descubrimiento, la sospecha de que las cosas son más complicadas de lo que ellas suponían. El dolor y el fracaso crean en la sociedad, una nueva actitud de sincera humildad, que les hace volver la espalda a todas aquellas ilusiones, cesando el rencor contra la minoría eminente, reconociendo la necesidad de su intervención especifica en la convivencia social

Para nadie es desconocido que el Distrito Federal, y las principales ciudades y comunidades del país tienen grandes problemas: El desempleo, la anarquía urbanística, la falta de Agua Potable, el poco saneamiento de las aguas negras, la escasez de vivienda decorosa, cobertura y calidad educativa, ambulantaje, delincuencia por doquier y una grave inseguridad jurídica y pública.

Pareciera en lo que se refiere a la delincuencia, que hoy asistimos a un triunfo de la hiperdemocracia, en donde la muchedumbre actúa directamente sin ley, imponiendo por medio de presiones y atracos sus gustos y desenfrenos; y al hacer un balance de nuestra vida colectiva nos encontramos con que el haber de los valores mexicanos padece un déficit importante.

Por esta razón, aquí, no es posible como ayer dar cabida a la improvisación y a la ignorancia. Debemos entender que la premisa fundamental de nuestro candidato es gobernar con inteligencia; porque México para ascender sobre el horizonte histórico tiene que contar cuando menos con una docena de cabezas claras, capaces de formar un mexicano digno, más activo, más culto, capaz de reformar instituciones, empresas, maneras, formulas.

Pero nada de creer que la cosa es fácil, nada de optimismos ridículos. La tarea de restaurar a México de verdad y en serio es muy difícil; y seriedad como el vocablo lo indica, es sencillamente la virtud de poner las cosas en serie, en orden, dando a cada problema su rango y dignidad.

La batalla por un México en forma, tiene que ser dada íntegramente, en todas las zonas, en lo grande y en lo ínfimo. Es preciso instalar un gobierno con hombres de excelencia y calidad superior, porque el estilo de vivir de nuestro pueblo tiene que elevarse por entero.

La gran tarea casi equivale a la inauguración de un pueblo y no tenemos porque reducir nuestra perspectiva, el horizonte debemos recogerlo como una sórdida cortina, para que nuestras miradas se enfrenten con los grandes espacios libres.

Debemos planear una vida nacional educativa y económica de gran formato porque México es grande, y estamos todos obligados a incrementar su grandeza.
Hay que remozar a nuestro país en todos sentidos, hay que organizar la vida local para que llegue a su máxima potencia.

Tenemos que colocar al mexicano en un aparato de vida pública que lo induzca naturalmente a ocuparse de más cuestiones públicas, a comprender más cosas, a sentir sus derechos, la dignidad de ejercitarlos y la posibilidad de hacerlos respetar.

Hay que ir a la reforma de México: pero México no es el centro historico, ni la Basílica, ni el Estadio Azteca, ni los partidos políticos.

México son esos millones de hombres sin trabajo, son esa juventud desorientada inmersa en la desesperanza y en la confusión; son esos polvorientos pueblos y opacas ciudades de nuestra geografía, es todo ese Fondo Nacional que entretenidos en mirar la superficie solemos olvidar.

El Lic. Enrique Peña Nieto, conocedor profundo de la problemática de México; sabe perfectamente que la reconstrucción de nuestro país, en los aspectos sociales, educativos, políticos y económicos, no es tarea fácil.
Implica un trabajo extraordinario, honorable, honesto, y con apoyo solidario de un gran equipo de profesionales inteligentes y leales a las instituciones nacionales.

Nosotros tenemos la convicción, que la grandeza de México, oculta en ocasiones, seguramente será descubierta por la inteligencia de quien es el verdadero amigo del pueblo y progresará dentro de su propio contexto, con un gabinete original, con identidad nacional, y específicamente mexicano.

Todo lo demás que se haga será forzoso como complemento, pero México no podrá echar andar rostro al viento de la historia, mientras no llegue la hora en que los hombres fervientes recorramos los campos, las ciudades y los pueblos, encendiendo la atmosfera con estas palabras:

¡Con Enrique Peña Nieto, mexicanos de pie¡




Estrategia Política Nacional”


MEXICO PATRIA NUEVA A.C.



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