4 mar. 2012

LA EDUCACIÓN EN MÉXICO (parte n° 1)

Al igual que la historia general del país, el desarrollo del sistema educativo se ha venido conformando bajo la influencia evolutiva de las fases determinantes de nuestra estructura social y económica.

Desde la época de la colonia, hasta nuestros días, observamos que la enseñanza nacional, refleja las características del sistema de producción que impera en nuestro entorno.
En cada periodo histórico distinguimos una corriente del pensamiento social y filosófico acorde a la distribución del poder y la riqueza.

La nueva España se caracterizó por una instrucción fundamentalmente teológica, destinada a cubrir las demandas laborales docentes y de investigación generada por la explotación de las riquezas naturales y los servicios de los grupos dominantes.
Consumada la independencia del país, se impuso el laicismo y con él la extensión popular de la instrucción consecuente con la fundación de la república.

La introducción de la corriente positivista de Augusto Comte, influyó en la formación de personal eficaz, con mentalidad cientificista.
Posteriormente, la revolución educativa confirmó el laicismo y lo orientó a la formación democrática y posteriormente al populismo. En esta fase se intentó formar hombres libres, cultos y autosuficientes para determinar el poder político y económico de la nación.


La Educación en el México Independiente

Igualdad y Libertad para todos, protección a la propiedad privada y el derecho al trabajo fueron ideales heredados de la influencia francesa que fortalecerían al país, sin embargo, México la nación emancipada de la corona española confrontaba el compromiso de desarrollar un país desintegrado y colmado de heterogeneidad cultural, económica y social entre sus habitantes.

En la nueva organización mexicana, los servicios educativos se encargan al ministerio de relaciones (1821-1836).

Mientras tanto, en el plan de la constitución de la república mexicana se hablaba de las promesas de la creación de institutos nacionales de enseñanza pública, para instruir a la población con las cuatro clases de ciencias: Físicas, exactas, morales y políticas.
En 1833, la política educativa adquiere un rumbo de certidumbre ideológica con la visión liberal nacionalista de Valentín Gómez Farías.
Una nueva concepción de los asuntos gubernamentales orientaba las acciones políticas hacia cauces populistas. El estado seria responsable de la labor educativa nacional conforme a los principios ideológicos que motivaron a los líderes del movimiento de independencia: Libertad a través de la educación y el trabajo.

Desde la primaria, los estudiantes mexicanos recibirían instrucción cívica política. La educación que hasta antes del periodo de la reforma era privativa de una pequeña minoría, estaría en consonancia con las ideas sociales de la constitución.
Benito Juárez, estableció el principio de la educación gratuita, obligatoria y laica, en la constitución de 1857, aunque subsistieron las escuelas dirigidas por la iglesia. Era necesario conformar un orden social duradero, y eso se lograría solo a través de una educación encaminada a formar la nueva clase dirigente.
Para tal fin Benito Juárez formó una comisión encargada de redactar un proyecto de reforma educativa, con el Dr. Gabino Barreda como coordinador.
Este ilustre mexicano nacido en Puebla, había estudiado medicina en Paris, y había sido uno de los principales discípulos de Augusto Comte.
. Uno de sus logros más importantes fue implantar la educación primaria gratuita y legislar la obligación de los padres de no dejar en la ignorancia a los hijos; Incluso se autorizó una sanción económica a los que infringieran este precepto de ley.
En 1867; Barreda fundó la escuela nacional preparatoria en el edificio del antiguo colegio jesuita de san Ildefonso. El científico intelectual se preocupó también de que los profesores redactaran los textos de acuerdo con los programas escolares y se encargaran de publicarlos, fomentando así la industria editorial y disminuyendo con ello la dependencia del extranjero.

El Dr. Barreda consideraba que la educación positiva debía empeñarse en imponer determinadas ideas o dogmas, sino que su objetivo principal era la eliminación de perjuicios y sobre todo la formación en el mexicano de una cultura universal.
En la llamada época del porfirismo, surge la figura excelsa del maestro campechano Don Justo Sierra, que como subsecretario de justicia e instrucción, promovió la reforma integral de la educación.

Su posición ideológica, arraigada en las ideas del liberalismo, favoreció su labor hacia la pedagogía social. Una actividad constante y fecunda lo llevo a postular proyectos cuyas metas consistían en dignificar la situación que padecían las instituciones mexicanas de enseñanza.

El maestro Sierra afirmaba, con sus acciones, la convicción de que sin hombres preparados se hace imposible el gobierno y el progreso de la nación.

La labor del maestro Justo Sierra en beneficio de la educación mexicana incluía programas de reestructuración pedagógica en todos los niveles de la enseñanza.

Las ideas unitarias de una pedagogía social, expuestas por el maestro Sierra, conformaron el marco de actividades docentes y de investigación que habría de tener la Universidad Nacional.

A don Justo Sierra se debe que el establecimiento de la universidad se haya hecho realidad en 1910, ya que ésta había sido suprimida en 1865.


“Formar un tipo de hombre, un nuevo hombre: Ese ha sido el ideal de cada época histórica. ¿Contribuirán las universidades y los tecnológicos a la formación de un hombre nuevo? Si no lo hacen, querrán decir que están de acuerdo con el que existe: Un Simulador de la Virtud”.


Lic. Vicente Lombardo Toledano


“Por una Educación Liberal Nacionalista"


MEXICO PATRIA NUEVA A.C.

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