7 feb. 2012

PROYECTO POLITICO

Es completamente anacrónico desear que un pueblo viva colectivamente sin un proyecto de empresa histórica.
Una política que no contiene un proyecto de grandes realizaciones históricas queda reducida a la cuestión formal de gobernar, a la cuestión de ejercer el poder publico, no se trata de hacer obras trascendentes con él, simplemente de complacerse en ejercerlo.
El hombre inferior no siente esta inexorable atracción hacia lo objetivo, sino que piensa solo en su persona.
Una política sin tarea de creación histórica elimina a todo el que no sea puramente un ambicioso.
La ambición por excelencia es la del poder, pero lo importante es que la política atraiga también a gentes que no son ambiciosas o que no lo son exclusivamente.
La fecundidad de la política es la cantidad de hombres creativos, innovadores e inteligentes que sepa enrolar en su servicio.
El alejamiento y el repudio de la política en que viven muchos mexicanos no tienen otro origen que la inmoralidad y la simulación de quienes ejercen tan digna vocación.
Son políticos que se liberan con mucha frecuencia de las ataduras morales incomodas, porque la actividad política no es otra cosa que un servicio moral.
Por eso decía Aristóteles que el hombre es un animal político, destinado por naturaleza a vivir en sociedad, hacer el bien, dignificar su convivencia y ser feliz.

En esta filosofía aristotélica, se resume el objetivo supremo de la democracia; un estilo de gobierno en donde el pueblo otorga a las minorías eminentes y talentosas su voluntad mayoritaria, y con ello, el derecho a mandar.
Democracia ésta, que puede degenerar en una híper democracia o democracia exagerada, en donde el pueblo actúa directamente sin ley, imponiendo por medio de presiones sus gustos y desenfrenos, o en una forma mezquina de gobernar, y de ínfima espiritualidad, que el sabio griego definió como Demagogia o simulación de la virtud.

El demagogo es el primer enemigo de la democracia. Aprovecha el reinado popular para imponer sus engaños.
El demagogo desprecia al pueblo adulándolo, colmándolo de elogios y de regalos baratos, lo mata como pueblo y lo convierte en masa.


Cuando ocurre un gobierno de esta naturaleza, se reduce en el pueblo la calidad moral. Y un pueblo desmoralizado es simplemente un pueblo que no esta en posesión de si mismo, que esta fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida y por ello no crea, ni fecunda ni expande su destino.
La sociedad parece caer en una trayectoria peligrosa de decadencia, época en que la minoría directora de un pueblo, transitoriamente ha perdido sus cualidades de excelencia.
Contra esa minoría a veces ineficaz y corrompida se rebelan las masas, pero confundiendo las cosas, en vez de sustituirla por otra más virtuosa, coloca a hombres ruines para que contaminen el aire con su ruindad.
Se llega a creer que es posible la existencia social sin minoría excelente, como eso es imposible, las masas de los distintos grupos sociales ensayan vanas panaceas de buen gobierno que en su simplicidad mental imaginan poseer.
Al fin el fracaso de si mismas experimentado al actuar, alumbra en sus cabezas como un descubrimiento, la sospecha de que las cosas son más complicadas de lo que ellas suponían.
El dolor y el fracaso crean en la sociedad una nueva actitud de sincera humildad que las hace volver la espalda a todas aquellas ilusiones, cesando el rencor contra la minoría eminente, reconociendo la necesidad de su intervención especifica en la convivencia social.

Por desgracia los mexicanos hemos tenido en los últimos años una generación de vividores de la política en cuyas manos dio el corazón de México menos pulsaciones por minuto.
Época sorda, sin ojos ni nervio, sin curiosidades humanas, sin respeto hacia lo egregio, ni asco hacia lo abyecto.
Hemos vivido bajo la ficción de una organización nacional, sin atacar seriamente los problemas que nos afligen, sin asegurar a las instituciones del gobierno cierto mínimo de prestigio, dejándolas corromperse en manos de hombres sin elegancia ética y desahuciados del respeto público.
No han tenido habilidad para gobernar, casi han aniquilado el prestigio de las instituciones y sobre todo han desmoralizado a nuestro pueblo.
De ahí la urgente necesidad de apelar a la conciencia ciudadana, a las gentes de mente sana y clara reflexión a fin de que en la próxima elección puedan emitir de manera inteligente el sufragio de su voto por el partido constructor de nuestro país.
Los políticos que tengan la honrosa oportunidad de tener la gobernación en sus manos, tienen que tener la convicción de que la batalla por un país en forma, tiene que darse íntegramente, en todas las zonas, en lo grande y en lo ínfimo. Desde luego que la tarea no es fácil, y por ello, no debemos crear optimismos ridículos.
La tarea de restaurar a nuestro país de verdad y en serio es muy difícil; y seriedad como el vocablo lo indica, es sencillamente la virtud de poner las cosas en serie, en orden, dando a cada problema su rango y dignidad.

Se deberá organizar la vida nacional para que llegue a su máxima potencia.
Es preciso convocar a los ciudadanos a crear riqueza y a compartirla para que pueda seguir creándose.
Hay que embellecer, hacer agradables, limpias y gratificantes a nuestras comunidades urbanas y rurales.
El uso responsable del suelo y la planeación adecuada prestigian a los buenos gobiernos.
Las oportunidades de empleo son prioritarias para dar cabida a miles de jóvenes que egresan cada año de las universidades y tecnológicos.
Hay que manejar con eficacia y honestidad el escaso recurso hidráulico de del norte y centro de México, y el abundante recurso del sureste de nuestro país.
Hay que detener el avance de las empresas transnacionales norteamericanas y españolas en el manejo de nuestros hidrocarburos, energía eléctrica, turismo, desalación de agua, así como del sistema bancario.
Debemos rescatar a la educación tecnológica, que contempla un grave retroceso. Hay que convocar al IPN y a la UNAM para que se hagan cargo de tan importante reconstrucción tecnológica nacional.

Son también imprescindibles las buenas costumbres y la educación en nuestros cuerpos de seguridad.
Sin seguridad jurídica (respeto a las leyes) aparece la impunidad y con ella, el peor de nuestros males: la corrupción
Se tiene que convocar para la función publica, a hombres creativos de calidad superior, honorables, modernos, de acción y de ideas, capaces de reformar o inventar instituciones, empresas, maneras, formulas.
Si hacemos esto, todo se nos dará por añadidura: más organización, más responsabilidad, más trabajo, mejor salario, y buen humor.

Lic. Enrique Peña Nieto, entendemos plenamente que toda comunidad es un vasto sistema de incorporación o convivencia.
Los grupos que integran un país viven juntos para algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades, no conviven para estar juntos, sino para hacer algo juntos.
Porque no es el ayer, el pretérito, el haber tradicional lo decisivo para que un pueblo exista. Las sociedades se forman y viven de tener un programa para mañana.
Nos preocupa e interesa el desarrollo pertinente y el bienestar de todos los que vivimos en esta tierra de promisión. Lugar de privilegio en donde se estima el presente, en donde las ideas, las metas, los propósitos tienen buen sabor.
Hay cosecha de apetitos y existe en muchos mexicanos por completo, esa incitadora anticipación de un porvenir deseable.

Necesitamos con urgencia un buen gobierno, en donde la sociedad le otorgue al gobernante todas las facilidades para que haga el bien, y lo someta a todas las ataduras para que no haga el mal. Un gobierno en donde los señores mandantes sean grandes sin insolencias y sin tener vasallos, y en el que el pueblo participe sin confusión.

Una sociedad que deberá exigirles a quienes pretendan gobernarla una mayor responsabilidad y honestidad como condición para entregarles su voluntad mayoritaria. Una sociedad cuya grandeza, oculta en ocasiones, seguramente será descubierta por su inteligencia y la conducirá por la ruta ascensional del bienestar y del progreso.
El pueblo que posee un conocimiento ancestral está seguro que usted no se detendrá, ni escatimará la pólvora para derrumbar las fortalezas de la indignidad ante los ojos de la gente honrada.
El futuro nos muestra horizontes sin límites. Por ello, es necesario que nuestra gran nación se sienta escoltada por gentes sanas, que porten las banderas del honor y de la dignidad.
No existe duda, lo que se ve latente, el primero de julio próximo se hará patente.
Usted va a ingresar en la historia, va a poner la mano en ella y va a crear destino con un gobierno ejemplar.



¡Son precisos nuevos jefes para que avancen los pueblos!


“Estrategia Política Nacional”

MEXICO PATRIA NUEVA A.C.

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